¿Porqué los correntinos se sienten pobres?

¿Porqué los correntinos se sienten pobres?

10 noviembre, 2014 Off By Redaccion
Una encuesta de la Fundación Prometeo revela que cerca del 60% de los capitalinos se autodenomina pobre. Los indicadores objetivos lo desmienten, pero aquella “percepción” tiene asidero en expectativas que, convertidas en demandas, no se cumplen.
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EDUARDO O. LEDESMA
@EOLedesma
LA DIFERENCIA ENTRE LA PERCEPCION, LA REALIDAD Y LAS DEMANDAS
Una reciente encuesta realizada por la Fundación Prometeo en distintos barrios de la ciudad, que fue publicada ayer por El Litoral, arrojó un resultado llamativo desde el punto de vista numérico: el 58,56% de los entrevistados, capitalinos todos, se considera pobre, más allá de que los guarismos oficiales o paraoficiales lo desmientan en términos objetivos. ¿Tiene esto una explicación, entonces, sociológica? Al parecer sí, y sería más común de lo que parece.
El trabajo en cuestión incluyó un total de 264 entrevistas, sobre un padrón previsto de 264 mil votantes habilitados para las presidenciales del 2015 (proporción 1 en 1.000); entre el 16 y el 22 de octubre de 2014.
Las encuestas fueron levantadas en los barrios San Gerónimo, Fray José de la Quintana, Collantes, Cremonte, Pirayuí, Aldana, Molina Punta, Santa Teresita, Sur, Apipé, Jardín, Madariaga, Villa Raquel, Serantes, Berón de Astrada, La Rosada, Quilmes, Belgrano, Libertad, Virgen de los Dolores, Deportes, Dr. Montaña y Celia y hacen hincapié en esa percepción de cerca del 60% ciento de la población.
“Hace tiempo que nos preguntábamos en la Fundación Prometeo, qué tanto influirá el ser pobre o no ser pobre en la forma en que vivimos la realidad cotidiana. En esta encuesta incluimos esta pregunta, que generaba sorpresa en los entrevistados”, explicó el licenciado José Castello, responsable técnico del trabajo. “No hablamos de lo que piensa el Indec, ni de lo que dice el recibo de sueldo. Nos interesaba saber la autopercepción del entrevistado”.
¿Porqué esa cantidad de gente tiene esa visión de sí misma?, surgió entonces como cuestión, pues los datos disponibles reflejan otra realidad.
Según datos provinciales, actualizados hasta 2012, la línea de pobreza en Corrientes era del 8,5% en hogares y del 11,8% en personas (Dirección de Estadísticas y Censos de Corrientes, 2013).
En términos más generales, nacionales, las cifras son dispares. Las estimaciones más positivas observan que la pobreza del último año se estancó en el 18%, mientras que los cálculos más alarmantes marcan que alcanza a un 36,5%. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), única voz oficial, publicó por última vez el índice sobre el primer semestre del año 2013, y ubicó a la pobreza en un 4,7%.
Por su parte, un grupo de ex técnicos desplazados de ese organismo arrojó que en el país había en 2013 unos 8.250.000 pobres, el 20,7% de la población total. La Central de Trabajadores Argentinos (CTA), de Hugo Yasky, publicó en junio de este año un informe llevado a cabo por el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra) que indicó que en el país hay alrededor de 7,5 millones de pobres, lo que representa un 17,8% de la población. Es decir, más allá del detalle, el porcentaje está lejos del 58,56% de la muestra local.
El sociólogo correntino Juan Ignacio de los Reyes, PM director de MillwardBrown Argentina, con sede en Buenos Aires, ensayó una explicación a pedido de El Litoral: “Es muy común que ante una pregunta directa y cerrada de este tipo las personas tiendan a contestar sí, que es pobre. Porque al no ofrecerle otras opciones, en general, tenderá a plantearse una dicótoma simple (rico, pobre) y ante esa dicotomía es clarísimo que la mayoría se ubicaría como pobre”.
“La autopercepción del nivel socioeconómico -agrega el especialista-, está atravesada por factores mucho más experienciales que objetivos (a diferencia de los índices oficiales o privados). Y al ser interrogados sobre esto en el contexto de una encuesta política, nos importa más dejar en claro nuestras carencias y necesidades -que nos parecen directamente relacionadas con lo que la política debe hacer- que nuestros logros alcanzados, en general atribuídos a nuestro esfuerzo personal”.
Siguiendo esta línea de análisis, es probable que este trabajo esté confirmando así una percepción generalizada de desamparo ante las responsabilidades de los estados, sea cual fuere, en los que la gente deposita sus expectativas vinculadas al desarrollo.
Por eso mismo, no resulta casual que tanto el 58,56% de los capitalinos que se considera pobre, como el 37,64% que dijo no serlo, ubica como principal tema de preocupación la falta de empleo; y que tal vez no sea sólo una cuestión de interés particular, sino que lo proyecta en términos sociales.
Según datos del mes de agosto, unas 10 mil personas buscan empleo en la ciudad más grande de Corrientes, Capital, y, en general, una de cada 15 personas está buscando empleo en la provincia.
Durante el segundo trimestre de este año (Junio 2014) la tasa de desocupación en el aglomerado urbano Corrientes se posicionó en un 6,6 por ciento. Esto significa que aumentó prácticamente dos puntos comparado con el trimestre anterior y un 0,6 por ciento de variación interanual, según datos publicados a mediados de agosto por el Indec correspondientes a la Encuesta Permanente de Hogares.
De acuerdo con la serie histórica registrada por el organismo, es una cifra que no se observaba desde 2011. Se expone, además, como la octava tasa más elevada desde 2006. El cimbronazo más alto se observó durante el segundo trimestre de 2008, con una tasa del 9,2 por ciento.
Los 10 mil desempleados de Corrientes es un número elevado, en comparación con las jurisdicciones vecinas. En Posadas alcanzan los 4 mil, en Formosa los 2 mil y en el Gran Resistencia, 1 millar:
(http://www.ellitoral.com.ar/es/articulo/323983).
La clase política tiene estos datos y los analiza, más allá de que pueda hacer algo para morigerarlos o mitigarlos. “Algo”, más allá de la generación genuina de empleo, que en Corrientes está en entredicho, puede ser lo que a nivel nacional se conoce con el genérico de planes sociales. Acciones directas de inclusión que mitigan un reclamo, mientras se mantiene la condición general de falta de empleo o se agrava por efecto de la retracción económica y la falta de políticas claras y exitosas en la materia.
Por eso mismo, no es casual que la gente -según demuestra la propia encuesta de Prometeo (que puede solicitarse completa en [email protected])- reconozca al kirchnerismo por la distribución de planes sociales y haya quienes defenestran el modelo nacional justamente por esta misma causa.
Pero es tal la diferencia en favor y en contra de esa medida, en comparación con otro reclamo o acierto, que el tema de los planes nacionales de ayuda configuran el debate político actual: el kirchnerismo asegura que si se va del Gobierno se acaban los planes. La oposición, a sabiendas de esa importante base electoral pro-K, dice que revisará los planes y que se quedarán los que estén bien instrumentados.
Así las cosas, no está mal que el debate suceda: que se discuta efectivamente la asignación de los planes, pero no que sea ese el único camino a seguir en relación con las demandas más urgentes de la sociedad.